Sordera: construyendo verdades y derribando pensares sociales

Por: Sylvia Siré.

Montevideo, 2017.

Sección: Artículos, estudios sordos.

Resumen:
Como necesidad social los oyentes a través del tiempo han formado y difundido teorías y verdades supuestamente absolutas sobre las personas sordas. Entre esos mitos se encuentran afirmaciones tales como: la Lengua de Señas es una lengua internacional, todos los sordos saben leer y escribir, los sordos saben lectura labial, etc. Y así un sinfín creencias y saberes colectivos que hacen a la construcción social del ser sordo. Derribando pensares propone analizar, cuestionar y reflexionar uno a uno estos mitos y así conocer a la persona Sorda, potenciando de esta forma un real y plena integración.

Para poder empezar a hablar del tema, es necesario hacer una breve introducción y así saber qué son los mitos o leyendas y el por qué surgen estos.

Los mitos forman parte del sistema de creencias de una cultura o de una comunidad. Se considera que estos mitos son verdades fundadas en la historia y cada nuevo integrante acepta como verdad absoluta estos mitos. La difusión de los mitos es netamente dentro de la oralidad, aunque hoy en día se pueden plasmar en registros.

La inmensidad de mitos y leyendas que existen sobre las personas sordas solo generan prejuicios sociales, estos, durante mucho tiempo, han limitado la relación entre personas sordas y oyentes. Una real información es sumamente importante al momento de relacionarnos con personas que tienen una lengua diferente.

Ahora bien, la gran interrogante es ¿dónde han surgido, dónde se han generado estos pensares, qué fundamento tienen, cómo se difunden en la sociedad? Estas y otras preguntas serán analizadas para poder derribar las barreras que día a día separan a los oyentes de las personas sordas. Con una reflexión constante se derribaran uno a uno estos mitos, fomentando así una verdadera construcción social del ser sordo y no la actual visión social, la cual está plagada de mitos y leyendas sin fundamento teórico.

Uno de los mitos básicos que se repite una y otra vez es que las Personas Sordas son Sordomudas. En la comunidad sorda la denominación “sordomudo” es considerada un término despectivo y menospreciante. El ser sordo no implica que esa persona tenga un problema en el aparato fonador, lo que sucede es que se considera vulgarmente como lengua sólo a las lenguas auditivo fonéticas. Es vital aclarar que la Lengua de Señas es una lengua plena, al igual que lo son las lenguas auditivo – fonéticas. En Uruguay se habla la Lengua de Señas Uruguaya. Desde la visión médica la sordera es vista como una “deficiencia sensorial” que debe ser compensada a través del uso de auxiliares tecnológicos, intervención quirúrgica, etc. De ahí se tiende a pensar erróneamente que las personas sordas son mudas, ya que al no poder captar sonido para repetirlo tienden a no hablar “correctamente” la lengua oral de la comunidad oyente. Pero es importante ver la visión socio-antropológica la cual define a la sordera como una “condición” que identifica a un grupo de personas a través del uso de una lengua viso-manual-espacial, la Lengua de Señas. Por ende las personas sordas no son mudas, no tienen problemas en su aparato fonador y si hablan una lengua, la Lengua de Señas.

Existen varios videos y comunicados que circulan en las redes sociales en donde la propia comunidad sorda expresa su malestar cuando se les dice “sordomudos” y solicitan a las personas oyentes se les respete a ellos y a su lengua.

Además de todo lo expresado, no todas las personas sordas son iguales y muchas de ellas si hablan lenguas orales. Algunas con mayor dificultad y otras sin problemas. Existen al menos seis tipos de perdidas auditivas y estas van desde las más leves a las más profundas y / o severas, sean las mismas de forma uni o bilateralmente.

Al igual que las personas oyentes, las personas sordas pueden ser bilingües, ya sea hablando más de una Lengua de Señas o bien hablando una Lengua de Señas y la lengua oral de la comunidad donde vive.

Muchas personas sostienen que las personas sordas no pueden hablar oralmente. Si una persona sorda recibe terapia de re educación de habla, podrá hacerlo en menor o mayor medida según el tiempo de la terapia y según el tipo de resto auditivo que tenga. La terapia ayudara a una correcta oralidad.

Resulta interesante destacar la diferencia existente entre ser sordo y Sordo. La palabra sordo con minúscula se refiere a aquellos para quienes la sordera es fundamentalmente una experiencia audiológica. Pueden haber pedido la audición a temprana o avanzada edad pero generalmente no desean tener contacto con la comunidad Sorda hablante de Lengua de Señas ya que desean pertenecer a la comunidad mayoritaria oyente, comunidad que los socializo. Ahora bien el ser Sordo, se refiere a esos individuos que nacieron sordos o quedaron sordos a temprana edad y en donde la Lengua de Señas, la comunidad Sorda y su cultura representan su experiencia vital y en muchos casos experimentan los mismos sentimientos a los hablantes de lenguas minoritarias.

Dicho esto, es importante destacar que cada país, o mejor dicho cada comunidad lingüística tienen su propia lengua y no todos las personas sordas hablan la misma Lengua de Señas. Existe el mito que sostiene que la lengua de señas es internacional y esto es totalmente falso, no existe una Lengua de Señas Internacional, cada país, cada comunidad de sordos tiene su propia Lengua de Señas, inclusive en un mismo país pueden coexistir diferentes Lenguas de Señas.

Existen también diferentes videos producidos por la propia comunidad sorda en donde se muestran las diferencias de señas entre países, estos videos son producidos por sus hablantes para erradicar este mito tan arraigado en los oyentes.

Es importante destacar que todo grupo lingüístico está ligado intrínsecamente con su cultura y que la cultura marca y condiciona a la lengua esto es independiente de si los hablantes son personas sordas u oyentes.

Lo mismo sucede con las lenguas orales (entendiéndose por orales en este contexto a las lenguas auditivo fonéticas). No obstante, es importante aclarar que sí existe un Sistema de Signos Internacional (SSI), aunque este, tal como lo indica su nombre, no es una lengua, sino un sistema de comunicación.

El SSI es un sistema de comunicación que utilizan personas que no comparten un mismo código lingüístico. Gracias a este sistema, las personas señantes pueden comunicarse y entenderse, independientemente de su procedencia. El SSI se usa particularmente en congresos de la Federación Mundial de Sordos y en mensajes destinados a las personas sordas de todo el mundo. Tiene un léxico básico y limitado, es una especie de pidgin (código simplificado que permite una comunicación lingüística escueta, con estructuras simples y construidas azarosamente mediante convenciones, entre los grupos que lo usan).

Otra leyenda repetida una y mil veces es la que refiere a la construcción lingüística, a la gramática y estructura de las Lenguas de Señas. Se dice que las mismas lo que hacen es “traducir” seña a seña las palabras de las lenguas orales. Esta leyenda es totalmente errónea ya que la estructura gramatical de las Lenguas de Señas no es igual a la de las Lenguas Orales. En esta misma línea se encuentra quienes sostienen que las Lenguas de Señas son básicas ya que no usan artículos, preposiciones o conjugaciones verbales. Tan solo hace falta un pequeño conocimiento de la LS para tomar nota de lo errado de este pensar.

En Uruguay el documento de Alejandro Fojo y María Ignacia Massone / Estructuras Lingüísticas de la Lengua de Señas Uruguaya. Montevideo, 2012: TUILSU / UdelaR es un trabajo académico que refuta por sí solo este mito.

Normalmente se expresa que las lenguas orales tienen la tipología lingüística de secuencia Sujeto Verbo Objeto (SVO), generalmente usada por la mayoría de las lenguas occidentales y un buen número de las lenguas orientales. Ahora bien, la inmensa mayoría de las Lenguas de Señas utilizan la secuencia Objeto Sujeto Verbo (OSV). Es importante destacar que la secuencia SVO no es la única existente en las lenguas auditivo – fonéticas. Existen lenguas orales, que al igual que la Lengua de Señas utilizan la misma secuencia, por ej. Lengua Xavante o Urarina.

Ninguna lengua se traduce palabra a palabra, ¿por qué debería ser así con la Lengua de Señas? A esta actividad se la conoce, en nuestro medio, como “Español Señado”. Es importante aclarar que el Español Señado no es una lengua. ¿Cuándo se produce esto? Cuando no se respeta la estructura y gramática de las lenguas y una de ellas prima sobre la otra.

Entre las lenguas auditivo – fonéticas se produce también este pidgin. Pero la situación es complicada cuando una de las lenguas tiene mayor prestigio o es más valorizada que la otra. Cuando se da esta situación se habla de diglosia. Entre las lenguas “orales” la diglosia no es frecuente; pero en el caso de las Lenguas de Señas, lengua que ha sido muy estigmatizada y desvalorizada, se produce diglosia cuando el español oral o escrito prima sobre la organización espacial y expresiva de las Lenguas de Señas.

Otra gran controversia entre los oyentes se da en el uso de la terminología: Lengua de Señas o Lengua de Signos.

Al no ser “señas” y “signos” términos estrictamente sinónimos, algunos expertos opinan que la denominación “Lengua de Signos”, que se da mayoritariamente en España, es terminológicamente incorrecta, argumentando que, según Saussure, todas las lenguas son en rigor “sistemas de signos”.

No obstante, al margen de la terminología estrictamente empleada en el campo de la lingüística, ambas palabras son utilizadas en el uso común, dependiendo del país. Por ejemplo, en España es común denominarla “lengua de signos”, aunque también se la nombra “lengua gestual” o “mímica”.

Por otro lado, en los países americanos de habla hispana es tradicional llamarlas “Lengua de Señas”.

Es importante destacar que la ONU en la Convención Universal de los Derechos de las Personas con Discapacidad cita siempre a la lengua de los sordos como Lengua de Señas.

¿Son las personas sordas, personas con discapacidad o no? Esta interrogante aquí planteada es expresada por la mayoría de los oyentes como una aseveración, las personas sordas son discapacitados.

Para poder responder esta pregunta, se debe pensar en qué contexto ubicamos al ser sordo. Si nos plantamos desde la visión “normo-oyente” es el sordo es un humano con discapacidad ya que no cumple con los cánones del oyente. Si nos posicionamos desde la visión médica, es un humano con una deficiencia auditiva. Pero, ¿qué sucede si nos posicionamos desde el punto de vista lingüístico – antropológico? Ahí es un hablante nativo de otra lengua, una lengua con características diferentes a las lenguas de la sociedad mayoritaria, pero no un discapacitado o un deficiente auditivo.

Ahora bien, ¿esta diferencia entre lenguas, entre culturas, genera o no discapacidad? Si genera discapacidad social, deberíamos preguntarnos por qué, ¿no?

La Federación Mundial de Sordos lucha día a día por desterrar estas ideas preconcebidas acerca de la sordera que constituyen “un estigma” social asociado a la “aparente imposibilidad de incomunicarse”.

Además es sumamente importante aclarar que el colectivo de personas sordas es sumamente heterogéneo, por lo que podemos encontrar a personas sordas que se comunican principalmente en Lengua de Señas, personas sordas que han sido oralizadas y utilizan la lengua oral de su medio, personas sordas bilingües, etc.

Asimismo, hay personas sordas usuarias de ayudas técnicas para la audición y otras que no las emplean por no resultarles favorables para la comunicación. Personas sordas que utilizan medios técnicos para el habla, como por ej. procesadores de voz, etc.

En cualquier caso, la discapacidad auditiva no está asociada a ningún trastorno que prive físicamente a una persona de la facultad de hablar sino que más bien está asociada a la adquisición de lengua o no.

Esta adquisición de lengua se diferencia sustancialmente en la edad de adquisición de la misma. No se desarrollan de igual forma una persona sorda post locutiva que una pre locutiva. He aquí el gran problema, la gran diferencia que genera o no una discapacidad social a la persona sorda.

El acceso temprano a una lengua, su desarrollo social, psicológico e intelectual es igual en una persona oyente que en una sorda, si ambos tienen los mismos accesos a la información. Como se planteó párrafos atrás, si existe una discapacidad en las personas sordas, deberíamos preguntarnos cabalmente por qué se da esto y en cuanto la sociedad oyente mayoritaria es responsable de ello.

Para llegar a entender esto, me retrotraigo a un fragmento de Lorenzo Hervás y Panduro de 1975 que sostiene que:

“Los Sordomudos están siempre a nuestra vista, y nosotros estamos a la de ellos: nos miramos recíprocamente: más nos conocemos tan poco y tan extrínsecamente, como podrían conocerse los moradores de la Tierra y la Luna (si los hubiera) que recíprocamente se mirasen con telescopios. Y aún me atreveré a decir, que los Sordomudos, están siempre en nuestra compañía, saben de la historia de la Tierra y de los hombres que la pueblan mucho menos que nosotros sabemos de la historia física de los cielos: y si en estos hubiera moradores en los Planetas, no dudo que por medio de conjeturas podríamos formar de ellos concepto menos errado, que forman los Sordomudos de los habitantes del globo terráqueo.”

Relaciono este pensamiento con uno cien años antes, citando a Fautino Barberá en “La enseñanza del sordomudo en el método oral”, Valencia 1895:

“El origen de los males que en lo psíquico ofrece el sordomudo, reconoce por causa exclusiva la sordera. La movilidad de su atención que sólo se fija en los objetos exteriores y materiales, esa dificultad que tiene para concentrar su voluntad sobre aquella función del alma; la debilidad de su juicio, la falta de comparación y de generalización, la escasez de su memoria se deben a que desde la primera infancia ha carecido de ese gran estímulo de la palabra que poco a poco debería haber depositado en su naciente vida psíquica, las sensaciones, las ideas que habían de formar su entidad moral y desarrollar sus facultades intelectuales… De manera que su sordez, impidiéndole conocer el lenguaje común, el idioma, es la causa de sus males; y por consiguiente, lo primero que debe expresarse de la educación es que saque al mundo del retraimiento en que se halla, que le regenere y libre de esa especie de estado salvaje en que lo constituye su defecto físico. …”

Este pensamiento, salvando las diferencias de expresiones, sigue tan vigente y tan actual que llama poderosamente la atención.

Es la adquisición de lengua, su desarrollo, su potencial uso desde una temprana edad y con ella la adquisición de la lengua de los oyentes donde viven inmersos el gran desafío de la persona sorda y de la educación para el sordo. Sin este verdadero desarrollo la persona sorda seguirá en un segundo plano y por ende en el plano de la discapacidad.

Unido a todo lo expresado recientemente, se plantea la siguiente idea o mito comúnmente dicho entre los oyentes: ¿Son las personas sordas inteligentes como lo son los oyentes?

El pensar esto es ya de por sí un acto discriminatorio, ahora bien, ¿por qué existe y por qué sigue vigente?

¿Qué es la inteligencia? En una definición básica y concreta es la capacidad de generar información nueva combinando la que recibimos del exterior con aquella de la que disponemos en nuestra memoria.

¿Las personas sordas pueden generar nueva información a partir de la que dispone? Si la respuesta es no, la siguiente pregunta es ¿qué acceso real a la información tienen las personas sordas en su propia lengua?

Si reciben al igual que los oyentes toda la información podrán generarla sin problemas, el tema es cuando no la reciben por carecer de herramientas necesarias, llámese a estas, fuentes de información en su propia lengua, motivación desde temprana edad, etc.

El artista plástico uruguayo Rodrigo González ha expresado en esta obra este extendido pensar basándose en el pensamiento del Dr. I. King Jordan (ex presidente de la Universidad Gallaudet) “Las personas sordas podemos hacer cualquier cosa excepto oír”.

Caricatura de Rodrigo González, 2018

Otro arraigado mito en la sociedad de los oyentes es pensar que todas las personas sordas pueden leer y / o escribir así como leer los labios.

Para poder responder esta falacia, se debe re preguntar si todos los oyentes pueden leer y / o escribir en otras lenguas.

El acceso a una segunda lengua, como lo es el inglés para los hispanohablantes se debe hacer, mediante la enseñanza del inglés como segunda lengua, Ahora bien, para la comunidad sorda la adquisición del español se debe brindar de la misma forma, como segunda lengua. Todo ser humano poseedor de una lengua puede adquirir, aprender y desarrollar varias lenguas y ser hábil en mayor o menor medida según su propio intelecto.

Entonces pensar que todos los sordos pueden leer y / o escribir es igual de erróneo que pensar que todos los hispanohablantes pueden leer / o escribir inglés.

La lectura labial no solo requiere una destreza exquisita de los “labio lectores” sino también un adiestramiento especial. Además, se debe siempre tener presente que las lenguas discriminan entre “figura y fondo” y que esta se debe enfocar entre significado y significante y no precisamente entre la grafía labial emitida.

Los labios lectores no solo deben discernir entre sus conocimientos sobre la otra lengua, sino entre factores externos que inciden para que la lectura labial se dé correctamente. Entre estos factores se encuentran la correcta iluminación, el grado de visualización, la expresión facial, la distancia entre el emisor y el receptor, los movimientos naturales del hablante, etc.

Entonces pensar que todas las personas sordas han recibido reeducación de labio lectura es un error y más aun sabiendo que no todas las personas sordas acceden al español como segunda lengua y por ende no pueden discernir entre significado y significante.

No todas las personas sordas hablan Lengua de Señas, no todas hablan la lengua oral de la sociedad oyente, no todas la escriben, no todas la pueden leer en los labios de los oyentes.

El ser Sordo es un ser humano, tan diferente y tan igual a los oyentes como cualquier otro ser humano.

No todas las perdidas auditivas son iguales, no todos los restos auditivos permiten al sordo captar las lenguas auditivas, ni todos los procesos de adquisición de lengua son similares; por ende no todos reaccionan de la misma forma.

El generalizar dentro de un grupo comunitario sordo es tan errado como decir que todos los oyentes tienen el mismo nivel de comprensión de las lenguas orales.

tro pensar, otro mito que se extiende cada vez más es que la Lengua de Señas aísla a la persona sorda.

Es importante preguntarse si alguna lengua aísla a los hablantes de la misma o si toda lengua potencia al ser humano.
¿O es que acaso se desea “normalizar” al sordo y “convertirlo” en un oyente?

Desde mi punto de vista la persona sorda debe ser bilingüe ya que de esa forma podrá estar plenamente integrado en la sociedad oyente mayoritaria donde habita. Pero siempre respetando el acceso a la lengua materna, lengua natural de la persona sorda es lo vital, lo fundamental. ¿Cuál es esa lengua? La Lengua de Señas. A través del desarrollo lingüístico de una lengua visual y espacial, propia de la persona sorda, podrá adquirir cuántas lenguas desee, cuantas lenguas se proponga, cuantas lenguas oyentes como segundas lenguas le sean impartidas.

Los profesionales de la salud, en su afán de normalizar al sordo prohíben en su gran mayoría que los niños sordos accedan en edades tempranas a la Lengua de Señas, argumentando que su adquisición retrasa el desarrollo de la lengua oral.

¿Y la pregunta que nos debemos plantear es a qué ser humano se le prohíbe desde una temprana edad el acceso a más de una lengua? ¿Los niños oyentes oriundos de hogares en donde se hablan varias lenguas, están condicionados a solo adquirir una? ¿Los profesionales de la salud y de la educación dicen a esas familias que es un error permitirle a ese niño el acceso a más de una lengua?

Si esto no sucede con los niños oyentes, ¿por qué si con los niños sordos? ¿Por qué se les condiciona a solo aprender una lengua que no le es de fácil acceso? Las lenguas auditivo – fonéticas dependen del canal auditivo para su adquisición, entonces, ¿cómo exigirle al niño sordo que adquiera una lengua para la cual no tiene el canal de percepción principal?
Ninguna lengua aísla, ninguna lengua condiciona negativamente, toda lengua potencia el desarrollo lingüístico e intelectual de su hablante.

Todo ser humano necesita una lengua para desarrollarse y potenciarse. Necesita a su vez estímulos y seres humanos que le brinden lengua y sorprendan diariamente para así potenciar la innata ansia de conocimiento natural en el ser humano.

Día a día se escucha repetir una y otra vez la gran errónea aseveración “Las personas sordas no pueden manejar”.
Y la pregunta aquí sería, ¿por qué no podrían hacerlo?

En nuestro Uruguay, con la Ley 17.535 del 21 de marzo del año 1972 se habilita legalmente a las personas sordas a manejar en todo el territorio nacional. Pero a pesar de ello, aún hoy, en varias intendencias departamentales se sigue condicionando el otorgar las libretas de conducir. ¿Por qué sucede esto? Porque existe un gran prejuicio generalizado en la población y por la falta de información de los funcionarios actuantes.

A partir del año 2015, el Banco de Seguros del Estado, la Federación Nacional de Sordos y la Intendencia Municipal de Montevideo han elaborado una Guía Nacional de Conducción en Lengua de Señas Uruguaya. El objetivo de dicho trabajo es aportar material teórico para los aspirantes sordos a obtener la licencia de conducir y a su vez informar a toda la comunidad sorda sobre las normativas y la importancia de su respeto.

Si bien, desde hace muchos años las personas sordas tienen sus habilitaciones para conducir, como se dijo antes, aún siguen existiendo problemas al momento de su tramitación en algunos lugares y a su vez, las personas oyentes siguen cuestionando una y otra vez si ellos están o no aptos para tal licencia.

Nuevamente el artista plástico Rodrigo González ha plasmado en sus obras esta discriminación que viven día a día. La Comunidad Sorda lucha cada día contra estos mitos arraigados entre los oyentes:

Caricatura de Rodrigo González, 2018

Otro gran mito existente es que las personas sordas son sumamente agresivas, o bien que son muy directas, que no tienen filtro.

Ante esto, la primera acotación es que son usuarios de una lengua diferente y por ende toda lengua condiciona a sus hablantes desde el punto de vista cultural y lingüístico.

Pero, la siguiente cuestión es establecer, ¿por qué si habitamos en el mismo medio, la misma sociedad, tenemos culturas tan disimiles?

Los valores culturales de todo grupo humano están dados y se trasmiten a través de la cultura. Ahora bien, la familia es la base de la sociedad y a través de ella se trasmiten los valores.

La gran interrogante es, ¿cómo una familia oyente trasmite sus valores culturales más básicos a un niño sordo? Si el niño adquiere valores, cultura y lengua de su familia, ¿por qué medio lo hace? ¿Si los padres, hermanos, tíos, abuelos hablan oralmente al niño sordo, cuánta información cultural le llega al pequeño?

¿Cuál es el proceso que tiene de adquisición el niño humano para adquirir cultura y valores comportamentales? ¿Basta con que una única vez se le explique qué hacer o cómo hacerlo o ello requiere una serie de secuencias innumerables y de además apreciaciones visuales repetitivas? ¿Cuántas veces le enseñamos, explicamos y aportamos valores a nuestros niños en el ámbito familiar? La respuesta es que lo hacemos de forma repetitiva sin darnos cuentas de cuantas veces brindamos la información y de que variadas formas lo hacemos. ¿Cuántas se hacen en una familia oyente con un niño sordo?

Entonces, el generalizar con que las personas sordas son agresivas, o directas es pensar con la mente en nuestras conductas, en nuestros valores, en nuestra lengua y no en los valores culturales de la otra lengua o simplemente no teniendo en cuenta que la otra lengua es netamente visual, y sumamente expresiva.

Como oyentes nos normalizamos en expresar todo a través de nuestra voz, de lo expresado fonéticamente, reprimiendo muchas veces, por distintas razones (religiosas, políticas, morales) toda otra expresión corporal. ¿Es lógico aplicar esta norma a los hablantes sordos de Lengua de Señas?

¿Cuánto influye la educación familiar, la educación formal obligatoria en el carácter social de la persona?

¿Cuánto influye vivir en un medio donde se los condiciona a ser discapacitados por el hecho de no hablar la lengua oral del grupo donde habita? ¿Cuánto condiciona al sordo el no poder acceder a los mismos niveles de información que el oyente?
Todas estas interrogantes hacen al ser Sordo de una forma diferente en lo cultural al ser oyente y por ende sus reacciones serán dispares. Ni mejores, ni peores, simplemente diferentes.

¿Cuántas horas de ocio tiene un niño oyente luego de su actividad curricular? ¿Cuántas tiene el niño sordo luego de la asistencia a la escuela? No se debe dejar de tener presente que el niño sordo asiste a logopedas, especialistas del lenguaje, psicomotricistas, etc. ¿Puede al igual que el niño oyente, contar con el dialogo familiar en su propia lengua? Todas estas características del diario vivir, forman al niño sordo de manera diferente.

Es tarea de los padres, de los profesionales a cargo el brindar todas las oportunidades posibles para que ese niño, por más que sea sordo, pueda sentirse igual a sus iguales y así disfrutar a pleno cada etapa de su vida.

Entonces, ¿la agresividad es algo intrínseca al ser sordo? Son las personas sordas agresivas o son como cualquier otro ser humano y la agresividad o cualquier otro comportamiento se adquiere en la sociedad donde se habita.

De igual forma el mito de la franqueza o concretitud de pensamiento de las personas sordas.

Marta Sorch en “La conducta impulsiva del niño sordo”, Ed. Lugar, 2008 se expresa sobre este tema:

“… Si no aparece ninguna comunicación mediadora adecuada a la realidad del niño; si la lengua oral es la única vía de comunicación entre ellos y sus pequeños, esta agresión producida por la frustración o la sobreadaptación aparece y un temprano “falso self” se va construyendo, escondiendo o enquistando al verdadero self, empobreciendo al niño en sus verdaderas capacidades, impulsándolo a un simple accionar, al uso de la manifestación agresiva sin mediación de la palabra. Tengamos presente que tampoco es ésta la única forma en que el niño sordo manifiesta la impulsividad. Este sufrimiento puede expresarse también común un ataque hacia sí mismo.”

Lo cultural esta inmenso en el diario vivir, en nuestra forma de relacionarnos con el otro, en nuestros valores adquiridos en la familia, en el centro de estudios, en la plaza, en el ámbito de juegos. Eso cultural nos condiciona y nos hace ser aceptados y aceptar al otro, nos forma, y nos integra. Pero, ¿qué sucede cuándo el otro sin saberlo, o sabiéndolo a medias, no logra insertarse, de la forma que el otro desea?

Esto me recuerda a las palabras de Olivia Castro en su charla sobre su hipoacusia (2012):

“No aceptaba mi sordera progresiva, no quería usar audífono. Acoplaba mi mano detrás de la oreja para captar las palabras. El problema no eran mis amigos, era yo. Me sentía invisible, no podía participar en ninguna reunión. En las fiestas me iba sin saludar a nadie, segura que no me registraban pero estaba equivocada porque al otro día me llamaban para preguntar qué había pasado. Nunca les decía porque, escondía mi dificultad. Sufría mi silencio en soledad y para espantar los males ponía la música a todo volumen en un acto de rebeldía contra el destino. La música me devolvía la vida. El silencio era mi muerte, la desconfianza mi constante. Me cruzaba con los vecinos en los pasillos del edificio, en la puerta de entrada o en la escalera. Los saludaba rápidamente y bajaba la cabeza inmediatamente después para evitar una conversación de la cuál iba a salir perdedora. Puede ser que ellos aprovechaban ese momento para quejarse de la música, me pedían que bajase el volumen, que había un bebé, un enfermo, que no podían dormir. Puede ser que tocaron varias veces mi puerta, tantas cosas pueden haber ocurrido sin saberlo yo.”

Entonces al afirmar el sordo es antipático, antisocial, agresivo, etc. estamos posicionando nuestro pensar, nuestra lengua, nuestra cultura, sobra la del otro. Cabe preguntarse entonces, cuando la persona sorda manifiesta algo, ¿desde qué cultura lo hace? Si su lengua, sus vivencias marcan su ser, es lógico que lo haga desde su posición cultural sorda, entonces, ¿es esto medible con nuestros valores normo- oyentes?

Siempre todo lo relacionado al sordo, su integración escolar, su inclusión social, su vida médica, etc. ha estado posicionada desde la perspectiva del oyente. En esta visión parcial del otro también se posicionan los mitos populares, los saberes y los comunicados que se hacen sobre ellos. Ya desde la época del Congreso de Milán la prensa ocupaba su lugar fundamental informando en The Times “la sordera ha sido abolida” difundía dando así mayor aval al oralismo, a la visión de los normo – oyentes sobre el Sordo. Así ha continuado hasta hoy en donde diariamente aparecen artilugios o instrumentos “milagrosos” que permiten al sordo escuchar y / o permiten con guantes u hologramas comunicar al sordo con el oyente. Además la falta de información, el desinterés y la supuesta sapiencia hacen que día a día se hable de lenguaje de señas, de sordomudos y no de lo que en realidad es.

La Comunidad Sorda y los oyentes que la integramos luchamos por rebatir estos mitos, por posicionar al Sordo a su verdadero lugar, por instruir al oyente y brindarle así la oportunidad de conocer una nueva lengua, una nueva cultura que convive con ellos, pero que por razones dispares les es tan ajena. Esta lucha ha estado siempre presente en la comunidad sorda pero recién hoy empieza a vislumbrarse un futuro en donde Sordos y Oyentes puedan convivir en plena armonía cultural, en donde los oyentes aceptando la diversidad lingüística respeten la Lengua de Señas y acepten que su lengua auditivo fonética no es la lengua natural para el sordo.

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